Donde el alma se desprende de sus máscaras para recordar su naturaleza divina.
Siento que hay momentos en la espiral de mi vida donde, de pronto, el ruido del mundo se desvanece por completo. Es ahí cuando se abre un espacio sagrado para una única verdad: el llamado de mi propia esencia. Para mí, Ad Essentium no es un destino lejano, sino el mapa que guía mis pasos hacia el núcleo de mi existencia; es mi viaje de vuelta a casa, a ese rincón eterno donde el tiempo se detiene y todo lo que me separa del Todo se disuelve en el silencio de mi Espíritu.
Desde mi mirada holística, me reconozco como un ser de luz habitando este hermoso templo de carne. A veces, en el ajetreo de mis días, confieso que suelo olvidar la melodía original que me dio la vida. Por eso, Ad Essentium es para mí esa fuerza alquímica que me invita con ternura a la desidentificación: a soltar por fin el "hacer" constante para simplemente "ser".
Es mi proceso personal de ir pelando las capas de la cebolla —mis miedos, las creencias que heredé y los roles que acepté— hasta que no queda nada más que la pureza de mi consciencia.